cartesio
septiembre 24, 2012 § Deja un comentario
Un espectador es ciego para todo cuanto no se dé según el molde de su receptividad. Un espectador nunca podrá ver, por ejemplo, el carácter otro de quien tiene delante, su distancia con respecto de sí, el que pueda decir yo. Para un espectador el otro es siempre un autómata. Aunque bien pensado, no hay nada que ver más allá de lo que pueda ser visto. La otredad del otro es, precisamente, aquello que no hay que ver. Pues una otredad es siempre un echar en falta.