et incarnatus est
septiembre 27, 2012 § Deja un comentario
La mayoría de los cristianos conciben la Encarnación a la manera platónica, aun cuando no tengan ni idea de quien fue Platón, esto es, como si Jesús de Nazareth participara de la naturaleza divina —del modo de ser de Dios— análogamente a como Irina Shayk participa, pongamos por caso, de la Belleza. Ciertamente, muchos añaden que esa participación es máxima por aquello de salvar la divinidad de Cristo. Pero lo cierto es que si hay participación no cabe la identificación de Dios con el Crucificado. De hecho, lo que se ahorra esta manera de entender la Encarnación es, precisamente, la experiencia cristiana de Dios, a saber, aquella que ve en el Crucificado la alienación misma de Dios. Su humillación, su descenso. Otra cosa es cómo nos situamos religiosamente ante un Dios que cae hasta este punto. Y de ahí que muchos sigan invocando a Dios como si no hubiera habido Encarnación. Aunque sin duda un cristiano de las primeras hornadas lo tenía más claro que nosotros cuando proclamaba sin pestañear que en el mientrastanto del tiempo presente, no cabe otro estar ante Dios que no sea un estar ante los crucificados de este mundo. Pues, acaso lo más característico del cristianismo, aquello que impide que el cristianismo pueda cerrarse como religión, sea ese desplazar hasta el final de los tiempos la posibilidad misma de una conexión directa con Dios. Al fin y al cabo, solo porque en el presente no cabe la unión con Dios, el Crucificado puede ser reconocido como Señor.