el cielo abierto
septiembre 29, 2012 § Deja un comentario
Los Padres siríacos solían decir que solo estando limpias las aguas de una fuente podían reflejar el cielo. La idea de fondo —una idea cuyo atractivo resulta innegable— es que tan solo un corazón puro es capaz de reflejar el espíritu de Dios. Ahora bien, es posible que la imagen de las aguas limpias no sea propiamente una metáfora de nuestra relación con Dios, sino que Dios sea una metáfora de una originaria relación con los cielos. Una vez aparece Dios por medio es como si los cielos quisieran. Es posible, pues, que lo primero sea la necesidad de conectar con la pureza de los cielos y no la experiencia de una divinidad que ampara la existencia de los hombres. Y quizá sea por esto que tenemos la impresión de que todas las espiritualidades son la misma espiritualidad, recurran o no al dios de turno. Como si, al fin y al cabo, la apelación a un dios personal fuera simplemente un motivo entre otros para abrir la mente o, mejor dicho, el corazón de los hombres. En este sentido, no es causal que sea tan difícil encontrar en la literatura espiritual el reconocimiento de Dios como Señor. Pues para un maestro espiritual de lo que se trata no es de obedecer, te encuentres donde te encuentres, sino de limpiar la casa para que pueda habitarla ese espíritu que no quiere saber nada de la podredumbre que cubre a los hombres hasta las cejas.