cosas de niños

octubre 4, 2012 § Deja un comentario

Uno de los peajes de la vida adulta es la pérdida del sentido de lo real. Sin duda, ganas en capacidad de visión. Pero, precisamente, lo que ganas por ese lado, lo pierdes por el del estremecimiento. Cuanto mayor es el control, menor es la intensidad de tus temores o asombros. El mundo de la madurez es un traje a medida. Nada nuevo hay para quien ha visto «lo esencial». Pueden haber sorpresas, sin duda. Pero éstas difícilmente nos sorprenden. De ahí que la cuestión de la madurez sea la de recuperar ese Otro que tuvo que ser sacrificado en el altar de la vida adulta. Kierkegaard hablaba de la importancia de alcanzar una segunda ingenuidad. Será cierto, pues, que no hay otra realidad que la que tuvimos que dejar atrás. (Sustitúyase «realidad» por «Dios» y tendremos una bonita introducción al Antiguo Testamento.)

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