de fósiles
octubre 8, 2012 § Deja un comentario
Puede que Dios no sea más que un fantasma de la gramática, un fósil fijado en la infancia del habla racional (G. Steiner, dixit). Del mismo modo que aún perviven en nuestros idiomas giros pertenecientes a cosmovisiones que ya no son la nuestra, como cuando decimos, por ejemplo, que ha salido el Sol. Puede, sin embargo, que el lenguaje solo pueda funcionar porque en verdad no hay otra realidad que la de Dios. Pues si el lenguaje es algo más que una colección de nombres es porque en su seno conserva las huellas de un más allá que, de tan radical, ni siquiera puede ser concebido como otro mundo. Quien comprende el acontecimiento del lenguaje —el poeta, el místico, el filósofo— comprende que cualquier decir es posible solo en la medida que preserva el silencio que envuelve todo cuanto es. Tenía razón Nietzsche cuando decía que no nos libraremos de Dios hasta que no nos libremos de la gramática. Sin embargo, lo que no alcanzó a ver Nietzsche es que, si nos librásemos de la gramática, tan solo nos quedaría el consuelo de la estupidez.