vencer la muerte
octubre 9, 2012 § Deja un comentario
Los primeros cristianos, con Pablo a la cabeza, estaban convencidos de que la muerte había sido vencida por el sacrificio del Crucificado. Que la muerte había dejado de ser una maldición. Ahora bien, para ellos la muerte no era, propiamente, un acontecimiento del cuerpo, sino del espíritu. Estar muerto era, antes que nada, seguir en la situación del pecado, de espaldas a Dios, enajenados de su voluntad. De ahí que Juan, por ejemplo, escribiera en su primera carta que quien no ama permanece en la muerte. Esto es, vive como un muerto. Por tanto, somos nosotros —los que ya no queremos saber nada del pecado, los que no experimentamos como muerte la distancia que nos separa de Dios— aquellos que entendemos todo este asunto como si, al fin y al cabo, se tratara de la supervivencia del alma más allá de la muerte. Pero con ello lo único que demostramos es que no sabemos leer. Pues cuando los primeros cristianos proclamaban a los cuatro vientos que la muerte fue vencida por la Cruz, antes que otra cosa, anunciaban el acontecimiento de la reconciliación. El hombre podía, de nuevo, estar ante Dios —podía encararle como Adán antes de la caída— gracias a una Cruz que se revelaba, aunque fuera a trompicones, como el sacrificio mismo de Dios. De modo que, en el mientrastanto de la Historia, no había otro Señor que el Crucificado. Otra cosa es que nosotros, en tanto que suponemos con demasiada facilidad que Dios se encuentra por ahí esperando nuestra conexión —en tanto que suponemos que somos técnicamente capaces de Dios— no necesitemos en realidad de ninguna reconciliación. Pero, si creemos esto último, lo más honesto sería admitir de una vez por todas que ya no somos cristianos, sino aquellos que, en el mejor de los casos, recogen los pecios de la cristiandad.