amarás a Dios

octubre 14, 2012 § Deja un comentario

Muy pocas veces caemos en la cuenta de la doble cara de los mandatos de Dios. Tomemos, por ejemplo, el amarás a Dios con todo tu corazón. ¿Acaso no resulta extraño que alguien, y más aún si se trata de un Dios, exija que se le ame? ¿Qué puede significar aquí amar? Sin duda, el mandamiento manda amar: debes ser el que ame a Dios, el que no quiera otra cosa que cumplir con su voluntad. Que tu querer, en definitiva, no sea otro que el querer de Dios (y ya sabemos qué es lo que quiere el Dios de los esclavos de Egipto). El mandamiento expone, pues, por donde pasa la integridad creyente, la posibilidad de ser de una pieza ante Dios. Pero no es casual que el tiempo verbal no sea el del presente (diciendo, por ejemplo, «debes amar a Dios»), sino el del imperativo, el cual es indisociable de las declinaciones de la promesa. «Amarás a Dios…», esto es: llegará un día en el que amarás a Dios, en el que no querrás otra cosa que lo que Dios quiere. En la Biblia, imperativo y esperanza van, pues, de la mano. Y no puede ser de otro modo, tratándose del imperativo de un Dios que se da en adviento. Como si el que se encuentra sometido a Dios —a su voluntad o mandato— no esperara otra cosa que estar por entero sometido a Dios. Como si, al fin y al cabo, el creyente fuera aquél que espera creer, mientras responde forzadamente a la llamada de Dios. La situación del creyente es, por tanto, muy extraña. Bíblicamente, un creyente es aquel que se hará capaz de Dios, porque tuvo que responder (y respondió) en aquella situación en la que sinceramente aún no podía responder. Quien espera a tener un corazón puro para ser capaz de cumplir con la voluntad de Dios, ya puede esperar sentado.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo amarás a Dios en la modificación.

Meta