de Juan
octubre 15, 2012 § Deja un comentario
Ser divino, como decían los griegos, es ser autosuficiente. O, por decirlo de otro modo, no tener necesidad de amigos. Por eso, cuando en el evangelio de Juan, Dios, en boca de Jesús, dice ser amigo del hombre, más que una ampliación de nuestro círculo de amistades, lo que está en juego es la renuncia de Dios a su autosuficiencia. O al menos eso es lo que entendería cualquiera que supiera leer en esa época —una época muy griega—. Como si, en definitiva, Dios no pudiera llegar a ser sin la respuesta del hombre. O como si el destino de Dios —su por-venir— estuviera en manos de quienes, tal y como el Hijo, se pusieran en manos de Dios.