malas compañías

octubre 19, 2012 § Deja un comentario

El precio que la religión paga por la defensa que hace de ella la filosofía es el de su dependencia de las categorías filosóficas (Stanley Cavell). Ahora bien, teniendo en cuenta que la filosofía no puede ser otra cosa que atea, en el sentido de que el único dios al que puede apuntar es necesariamente una abstracción, la religión firma su particular pacto con el diablo una vez se sirve de la filosofía para alcanzar ciertos visos de credibilidad. En este sentido, no es casual que algunos hoy en día crean que el único modo de seguir siendo cristianos es recuperando el logos de la experiencia veterotestamentaria de Dios, el cual no admite otro Dios que el que pueda situarse fuera del tiempo. Mientras sigamos pensando la presencia de Dios según categorías espaciales —mientras Dios siga siendo algo-ahí, aunque ese ahí sea humanamente inaccesible— la deriva hacia el gnosticismo es inevitable.

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