una vida sub iudice

octubre 20, 2012 § Deja un comentario

Resulta difícil creer donde damos por hecho que no seremos juzgados. Sin embargo, ¿quién no vive pendiente de tener que realizar aquello qué decide el sí o el no de su existencia? ¿Quién no creerá que su vida ha sido un fracaso, si no ha logrado, instantes antes de morir, eso que tenía que haber hecho para justificar su vida: acabar los estudios, lograr el reconocimiento, construir un hogar? Pues bien, un cristiano es aquél que, en el momento de la verdad, solo se hace una pregunta: a qué hambriento di de comer, a qué sediento di de beber, a quién vestí cuando iba desnudo. Un cristiano es aquél que solo se sabe juzgado por el desgraciado. No hay otro Señor para él, no hay otra medida que decida el sí o el no de la vida que le ha tocado vivir. Aún así, hay que haber tocado fondo para creer en esas cosas. Lo más probable es que sigamos siendo jóvenes ricos hasta el final, hombres y mujeres a los que les hubiera gustado creer, si no fuera por.

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