educar la mirada

octubre 24, 2012 § Deja un comentario

¿Cómo es posible que un hombre levante su mano contra otro hombre? ¿Cómo puede llegar a matarlo? La respuesta es simple, aunque en verdad sea un vértigo: porque no ve más allá que el motivo de su odio. Porque, al fin y al cabo, no es capaz de ver el carácter sagrado —es decir, intocable— de la vida humana, el hecho de que la vida sea un milagro arrancado de la nada. Será verdad que la experiencia de Dios —del Dios que mantiene al mundo en vilo con su gran silencio— es indisociable de un encontrarse sometido al imperativo y, por tanto, a la promesa del no matarás.

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