y vendrá a juzgar a vivos y a muertos
octubre 26, 2012 § Deja un comentario
Que en la Biblia lo decisivo con respecto a Dios es el juicio y no la cuestión acerca de si hay o no vida más allá de la muerte, se ve claramente en el hecho de que, antes del fin de los tiempos, vivos y muertos se encuentran en la misma situación ante Dios, a saber, la propia de quienes aguardan un veredicto. De hecho, los judíos de la antigüedad tardía daban por descontado que la muerte era algo así como la puerta de entrada a otra dimensión de la existencia y, por eso, la salvación para ellos no podía consistir simplemente en seguir por ahí tras la muerte, sino en que Dios acabara de una vez por todas con el reino de la muerte, con su poder sobre los hombres, poder por el cual existimos, precisamente, de espaldas a Dios o, como se decía en antiguo, en situación de pecado. La muerte no es solo la muerte, sino, antes que nada, el salario del pecado. Un judío —un cristiano— sabe que morirá sin poder decir desde sí mismo, si se encuentra o no en Dios. Por eso ponerse en manos de Dios es, al fin y al cabo, morir esperando su absolución. Quien permanece bajo el poder de la muerte es incapaz de responder a la voluntad de Dios. De ahí que la salvación judía no consista en otra cosa que en la recreación del hombre, en hacerlo capaz de Dios, esto es, capaz de responder a su llamada. Y de ahí también que a nosotros, hombres y mujeres que estamos lejos de comprender todo esto, nos resulte tan difícil tragar con la resurrección. Pero los primeros creyentes, los cuales no dejaban de ser unos analfabetos, no tenían nuestra difícultad. Pues, al fin y al cabo, esto de la resurrección de los muertos no podía significar otra cosa que, en el día del Juicio, los muertos serían llevados ante Dios para que, junto a los aún vivos, pudieran escuchar su última palabra.