progressio

octubre 30, 2012 § Deja un comentario

Hay algo de tramposo en la idea de progreso, en la convicción ilustrada de haber alcanzado históricamente una mayoría de edad. Y no porque cualquier tiempo pasado fue mejor. La madurez, ciertamente, lo es todo (como decía Shakespeare). Pero forma parte de la madurez el reconocer el precio que hemos tenido que pagar para llegar hasta ella. Y este precio acaso no sea otro que el de la pérdida del sentido de la alteridad, es decir, de lo real. Cuanto mayor es el control —cuanto más nos alejamos de nuestra infancia—, menor es el temor, sin duda, pero también es menor nuestra capacidad de asombro. Es sabido que para un niño, todo posee alma. En cambio, para un adulto, un mundo animado es siempre un mundo de dibujos animados. No debería extrañarnos, pues, que la religión —la necesidad de ligarse de nuevo a ese mundo que fue dejado atrás— esté hecha con los restos de la infancia.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo progressio en la modificación.

Meta