uno de los nuestros
noviembre 2, 2012 § Deja un comentario
Ciertas cristologías que corren por ahí parece que, con respecto a la divinidad de Jesús, no digan otra cosa que la siguiente: Jesús de Nazareth era tan bueno, tan bueno, tan bueno… como solo podía serlo Dios mismo. Desde este punto de vista, el modo de ser de Jesús nos habría revelado el modo de ser de Dios. Jesús sería algo así como el superman de la bondad. Pero ¿cómo comprender esta tesis? ¿Acaso Dios no sigue entendiéndose aquí como el límite asintótico de la existencia humana, como su extrema posibilidad? Sea como sea, lo cierto es que, si Jesús encarna a Dios como quien encarna un determinado patrón de belleza, entonces honestamente deberíamos admitir que, teniendo en cuenta que no poseemos un contador geiser de la bondad, aquí caben muchos hijos de Dios. Si lo que defienden estas cristologías es tal y como nos lo cuentan, entonces lo más consecuente sería decir con Roger Haight que Jesús es un símbolo de Dios… entre otros. Pero ¿qué hacemos entonces con aquello del Hijo Unigénito de Dios?