cuestión de nombres

noviembre 10, 2012 § Deja un comentario

Cuando en bíblico decimos que de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos un nombre, lo que damos a entender es que «Dios» no puede comprenderse como el nombre de otra cosa, por ejemplo, de un poder, aunque se trate del poder de la bondad o el amor. «Dios» es un nombre sin referente o, lo que viene a ser lo mismo, un nombre cuya referencia está por ver. Dios carece de entidad. De ahí, que la promesa de Dios sea, precisamente, de Dios. Ahora bien, esto es lo contrario a lo que escuchamos por ahí, cuando se dice fácilmente que lo de menos, con respecto a Dios, es el nombre. Que lo decisivo es qué pueda ser Dios. Pero esto tan solo podemos decirlo cuando damos por hecho paganamente que Dios es un poder, una sustancia, una energía. Esto es, cuando Dios exige un conocimiento y no nuestra fe.

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