saltan chispas
noviembre 13, 2012 § Deja un comentario
Los gnósticos de siempre suelen decir que todos estamos hechos de sustancia divina o, por decirlo de otro modo, que en nuestro interior hay algo así como una chispa de divinidad. Así, cuanto menos, es como interpretan la convicción creyente de que estamos hechos a imagen de Dios. Pero lo cierto es que al decir que somos imagen de Dios lo que estamos diciendo propiamente es que nos falta la sustancia de Dios. Un reflejo no es lo que refleja. A una imagen le falta, precisamente, ser lo que parece. Somos quienes encuentran a Dios en falta, quienes, por eso mismo, no solo pueden invocarlo, sino también interpelarlo desde el dolor. Aunque lo que acaso deberíamos entender es que, en tanto que imagen de Dios, somos aquellos en los que Dios busca reconocerse. Como si el judaísmo bíblico de buen comienzo hubiera comprendido a Dios desde la posibilidad de la Encarnación. De ahí que, si podemos reconocer a Jesús como Señor, no es porque estuviera lleno en grado sumo de chispa divina —no es porque fuera el chispazo de Dios—, sino porque, en cualquier caso, estuvo lleno de la caída —el vaciamiento, la kénosis— de Dios.