o sole mio

noviembre 14, 2012 § Deja un comentario

Muchos creyentes siguen concibiendo a Dios como si se tratara del Sol. Y, así, dan por hecho que de lo que se trata es de exponerse a su influencia. Cuanto más doraditos, mejor. Su patrón de santidad es un rostro iluminado. Sin embargo, si lo que decide nuestra relación con Dios es nuestra respuesta a la demanda infinita del pobre, entonces Dios no puede concebirse como un Sol. Los evangelios insisten hasta la saciedad que los capaces de Dios no son los iluminados, sino los quemados. Que solo ellos pueden en verdad responder a un Dios que solo aparece como la voz que nace de los estómagos vacíos o las gargantas secas.

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