presencias

noviembre 14, 2012 § Deja un comentario

Hablar de la presencia de Dios es hablar de su manifestación, de su aparecer. Pero ¿cómo se hace presente Dios? Si hemos de atender al testimonio bíblico, no en el fenómeno extraordinario, no en el hecho que requiere la hipótesis de un dios por encima, sino en el silencio que sucede a todo cuanto sucede (1Re 19). Es en este sentido que decimos que Dios se encuentra fuera de campo. Dios no es un suceso, sino la falta que transfigura el mundo en otro mundo que el que se da según la medida de nuestro interés o necesidad. Únicamente en relación con esa falta —con esa radical trascendencia— pueden los pobres aparecer como testimonios de Dios, como su huella, esto es, como el aparecer mismo de Dios. Pues, Dios en sí mismo no aparece en su aparecer (y por eso el aparecer de Dios es de Dios). De ahí que esas concepciones de Dios tan en boga que, con la intención de huir del viejo teísmo, hacen de Dios el nombre de una buena vibración, en vez de un Dios que se hace presente en su retirarse del mundo —un Dios que, por eso mismo, transfiere el aura de lo sagrado a la vida de los hombres— prefieran una divinidad impersonal a la manera del dios-Sol. Pues es el Sol que más calienta el que nos obliga a cerrar los ojos.

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