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noviembre 15, 2012 § Deja un comentario

Ayer en el WoW, Gan, entre cerveza y cerveza, me hace caer en la cuenta de la diferencia entre la moral común y la cristiana por medio de una comparación con la práctica médica en la antigua Grecia. Hipócrates nunca te hubiera dicho qué es aquello que, lo quieras o no, debes hacer. Su prescripciones son siempre relativas a una condición, esto es, prudenciales. Si quieres vivir saludablemente, no debes excederte en la comida. Si quieres tener buen ánimo, toma agua con cierta frecuencia. Etc. La medicina cristiana, en cambio, te dice categóricamente que el exceso es pecado. Que en sí mismo no es bueno que te excedas, al margen de si te sienta bien o no. Pues en un mundo, en donde hay quienes mueren de hambre, el exceso revela nítidamente nuestra consubstancial falta de piedad. Ciertamente, son más fáciles de tragar las prescripciones sapienciales, esas buenas costumbres, que la exigencia indiscutible de Dios. Sin embargo, solo bajo esta última —solo bajo la necesidad de responder a la demanda insatisfacible del otro— cabe ir más allá de uno mismo.

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