trío de ases

noviembre 16, 2012 § Deja un comentario

Esto de la Trinidad tiene más miga de la que parece. De hecho, diría que muchos nos saben qué hacer con ella por la sencilla razón de que siguen anclados en una concepción de Dios al margen de su Encarnación. Como si pudieran dirigirse a Dios con independencia del Crucificado. Al fin y al cabo, diría que el dogma de la Trinidad viene a decirnos algo muy simple, aunque difícil de admitir para la sensibilidad típicamente religiosa, a saber, que la experiencia de Dios no puede darse fuera de la resurrección de un crucificado. Que encontrarse cabe Dios es encontrarse cabe el Crucificado. Que el Espíritu, el poder de Dios es el que nos otorga el perdón de quien murió como un maldito de Dios. Que pertenece a la naturaleza misma de Dios el entregarse como aquél que murió por nosotros, esto es, en nuestro lugar. Que, en la Historia, no hay ni puede haber otro Señor que el que cuelga de la Cruz. Que solo el Hijo puede revelar la paternidad de Dios. Que su amparo se muestra, no ya como la intervención de un deus ex machina, sino en la entrega del Hijo, en el doble sentido de la expresión. Que Dios en sí mismo es algo que aún está por ver.

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