el malentendido del cristianismo

noviembre 19, 2012 § Deja un comentario

Todo éxito es un malentendido (Cioran dixit). Así ocurre con el cristianismo. Pues el cristianismo debe en parte su triunfo histórico al hecho de que unas declaraciones que en principio solo resultan inteligibles en el marco de la expectativa apocalíptica, son leídas desde los presupuestos del platonismo medio —o, también, del estoicismo—. Como decía Nietzsche, el cristianismo, una vez abandona la matriz hebrea, acaba siendo un platonismo para el pueblo. Algunos dirán que el helenismo capta el catolicismo, la universalidad, de la confesión cristiana. Pero lo cierto es que una cosmovisión que concibe religiosamente la divinidad desde la división entre cielo y tierra —o, como en el caso del estoicismo, entre lo profundo y lo superficial— difícilmente puede hacer comprensible una experiencia de Dios que se expresa en los términos de una división cualitativa entre los tiempos, según la cual, únicamente en los tiempos de Dios se avistan los signos de una nueva Creación. Ahora bien, de lo anterior no se desprende necesariamente que el cristianismo haya sobrevivido traicionando sus orígenes, sino que su verdad —acaso como cualquier verdad que no consista en una simple descripción o explicación de lo visto— solo puede darse como tal falsificándose a sí misma. Como en el caso de la Belleza o la Justicia, las cuales solo pueden darse, dejando de ser lo que idealmente son. O como en el caso de Dios mismo.

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