en la estepa no crece la hierba

noviembre 19, 2012 § Deja un comentario

Sabemos que bíblicamente mandato y promesa son dos caras de lo mismo. Así, el amarás a Dios es tanto la exigencia de la vida creyente como la promesa de Dios: acabarás amando a Dios. Como si el mandato de Dios solo pudiera soportarse bajo el amparo de la promesa. Ahora bien, si esto es cierto —que lo es—, entonces no solo hemos de entender el mandato de Dios como promesa, sino la promesa como mandato. Así, la visión de Isaías en la que se nos dice que el león comerá hierba, no solo expresa una esperanza, literalmente increíble para quien aún confía en su posibilidad, sino también una exigencia. Como si en definitiva la promesa solo pudiera realizarse donde el hombre, fuera de sí, se encuentra por entero sometido al mandato que esa promesa esconde. Como si al fin y al cabo tan solo el que obedece ciegamente a Dios, pudiera en verdad esperar el cumplimiento de su promesa.

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