los pies de barro
noviembre 21, 2012 § Deja un comentario
En lo más íntimo, anhelamos que algo ocurra en verdad en nuestras vidas. Que tenga lugar lo extraordinario, en vez de que las cosas simplemente pasen. Por lo común, creemos que eso extraordinario tiene que ver con lo que nos cuentan nuestros mitos. Así, ellas esperan que aparezca el hombre ideal, el príncipe que las saque del letargo, aquél que pueda reconocerlas, precisamente, como únicas. Nosotros, en cambio, esperamos que aparezca el santo grial, la oportunidad de vencer al dragón o cualquier cosa por el estilo. En cualquier caso, aguardamos una aparición, esto es, una interrupción de lo prosaico. Pues bien, esta expectativa es lo que la Biblia califica de idolátrica. La Biblia es, en este sentido, el antimito. Bíblicamente hablando no puede en verdad haber otra aparición —otra interrupción— que la de Dios. Y ya sabemos cómo Dios interrumpe la sucesión de los días: dejándonos ver su espalda. Es la vida misma la que se revela como acontecimiento —como excepción— donde el mundo se experimenta como un mundo que (de)pende de la (medida de) gracia de Dios. Como si, en definitiva, el mundo solo pudiera darse como misterio —esto es, como Creación— donde los cielos y sus arquetipos dejan de garantizar el sentido de nuestra existencia.