House o la verdad de Adam Smith

noviembre 23, 2012 § Deja un comentario

Quizá el salto moral de los tiempos modernos se encuentre más en la Riqueza de las naciones que en los fragmentos de Nietzsche. Pues, el hallazgo de Adam Smith consiste en demostrar que el advenimiento de la prosperidad y la justicia, dentro de lo humanamente posible, no dependen de que seamos buenos, sino de las reglas del juego. Como si en las sociedades complejas, la posibilidad de la vergüenza no tuviera el mismo peso moral que el acierto o el error. Ocurre aquí como en los casos médicos de Gregory House. Que si cura no es porque simpatice con el paciente —porque se compadezca de ellos—, sino porque se toma estos casos como si se tratasen de problemas lógicos. Porque juega simplemente a resolverlos (y, de paso, es capaz). De hecho, quienes simpatizan en exceso con sus enfermos, no suelen ver lo que sí ve el impracticable House. Y es que, cuando hay demasiados sentimientos de por medio, fácilmente confundes lo que quisieras que fuese con lo que es. Es Adam Smith y no Nietzsche quien constituye, pues, el gran desafío para la sensibilidad cristiana. Pues lo que no podría soportar el cristianismo es que un mundo mejor, al final, dependiera, no ya de convertirnos en seres angélicos, sino de dejar que cada uno pudiera perseguir su interés más egoísta, respetando, por descontado, las normas de la buena educación.

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