la gravedad y la gracia
diciembre 5, 2012 § Deja un comentario
Todo se nos da desde la perspectiva de la muerte. Donde creemos que viviremos para siempre difícilmente saldremos de nuestras cositas: nuestros deseos, nuestras decepciones, nuestras compras. Lo que hay que tener presente: que no duraremos demasiado. Que la muerte se encuentra ahí, aguardando el momento. Que vivimos dentro de un plazo. Puede que la existencia espiritual, aquélla que se encuentra por encima de sus reacciones, no tenga presente otra cosa que el antiguo adagio: memento mori. Vivir en un tiempo de prórroga, en un tiempo de gracia. Todo es gracia —todo es milagro— para quien sabe verlo. Vivir encarando —abrazando— el milagro o de espaldas a él. Puede que no haya más. Pero esto es, precisamente, lo que acaso ignorábamos: que la gracia tan solo puede acontecer como medida de gracia. (Con todo esto es aún demasiado común, demasiado pagano, para ser cristiano. Un cristiano no recuerda solo que va a morir, sino también —aunque quizá deberíamos decir sobre todo— la vida de quienes andan por ahí sin vida por delante. Como si la gracia aún no fuera una última palabra.)