fuera del mundo

diciembre 10, 2012 § Deja un comentario

Quienes saben que sobrevivimos a la muerte —quienes lo dan por hecho como si tal cosa— podrían preguntarse por cómo andaremos por ahí. Es posible que digan que eso es, precisamente, lo que no puede saberse. Sin embargo, no me parece anecdótico que nos interesemos por si, pongamos por caso, tendremos el mismo rostro o no —o por si mantendremos los trazos de nuestro carácter—. Pues la cuestión es quién sobrevive a la muerte. Y es que si de lo que estamos hablando es de un alma impersonal, entonces esa supervivencia no va con nosotros. (Otra cosa es que esa creencia no sea propiamente un supuesto —una idea que responda a nuestra necesidad de ahorrarnos la muerte—, sino un imperativo, un deber ser. Así, quien se encuentra sometido a la promesa del vivirás más allá de la muerte es porque se encuentra sometido al mandato de vivir donde no es posible seguir con vida. De ahí que las imágenes escatológicas del profetismo sean, literalmente, increíbles… para aquellos que no sufren la monodependencia de la voluntad de Dios.)

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