el giro copernicano

diciembre 16, 2012 § Deja un comentario

Es posible que la pregunta por la salvación que puedan esperar las víctimas del pasado —esa pregunta tan judía— no tenga sentido, si es verdad que somos almas encerradas en cuerpos y este mundo, un campo de pruebas. Desde esta óptica, el sufrimiento no sería más que una dura (y probablemente necesaria) purgación. Ahora bien, la cuestión quizá no sea qué cosmovisión es la que más se ajusta a los hechos, sino qué sujeto se encuentra comprometido en cada cosmovisión. Pues suponemos con demasiada facilidad que el sujeto es el mismo, sea cual sea su comprensión de la jugada. Que las diferentes visiones del mundo son como los diferentes tipos de mostaza en el estante de un super, algo que uno puede elegir, sin dejar de ser aquello que uno es, a saber, un yo capaz, precisamente, de elegir. Sin embargo, aun cuando de hecho sea verdad que estamos aquí para purgar un karma maldito, el sujeto creyente no es el mismo que aquél que da por buena esta verdad. El creyente, en realidad, no puede darla por buena. Al menos, en tanto que no puede admitir que la carne sea un envoltorio. Para un creyente, a quién sufrió y murió injustamente se le debe una vida y esta deuda no puede repararse apelando a una supuesta alma inmortal. Ya lo hemos dicho unas cuantas veces: un espectro no tiene nada que ver con lo que somos, aunque ese espectro sea algo muy nuestro. Un creyente permanece vinculado —atado— de por vida a esas vidas trucadas por un mundo sin piedad, a la espera, ciertamente absurda a ojos del espectador, de una nueva Creación. De ahí, que la fe no pueda darse como una cosmovisión que nos permita comprender —y, por consiguiente, admitir— el sufrimiento indecible de los hombres. Un creyente, en tanto que se encuentra sometido a la increíble promesa de Dios, sigue sin comprender de qué va todo esto. Por eso, el sujeto creyente no es homologable al de quien se contenta con la visión pagana del universo. Es como si jugasen ligas distintas. Uno deviene sujeto cuando se encuentra sujeto a, y un creyente no se encuentra sujeto a lo mismo que aquel que da por bueno que de lo que se trata es de purgar. En verdad un creyente es aquel que se encuentra sujeto no ya a otro mundo, sino a lo otro del mundo.

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