free jazz
diciembre 18, 2012 § Deja un comentario
El jazz de Peter Brötzman tiene mucho de inaudible como, en general, el free jazz. Sin embargo, puede que su función no consista en ser escuchado, sino en la de poder percibir la música de la cotidianidad. Efectivamente, después de asistir a una jamsession de Bröntzman y sus muchachos, incluso la bocina de los coches te parece música celestial. El free jazz, algo así como la negación del jazz, está al servicio de la transfiguración de los sonidos de la urbe o, en general, de la naturaleza. En este sentido, podríamos decir que el jazz de Brötzman es música cristiana de igual modo que la fuente de Duchamp es arte cristiano. Las cantatas de Bach elevan el espíritu, pero, por eso mismo, nos apartan de la prosa diaria. Las arias de Bach son, literalmente, de otro mundo. En cambio, el jazz de Brötzman, en tanto que insoportable, nos reconcilia con el ruido del más acá. Como si para nosotros no hubiera otra música que la de las voces de la tierra.