feliz navidad
diciembre 23, 2012 § Deja un comentario
Un mesías no puede nacer en un pesebre, ni mucho menos un dios. Quien trae la redención, no puede nacer como un dejado de la mano de Dios. En un mundo donde la distinción entre cielo y tierra encuentra su confirmación en la diferencia entre la realeza (aquellos que pueden vivir realmente) y el vulgo, la dignidad de una vida señalada por el dedo de la divinidad va con la cuna. La pobreza es, lo hemos dicho muchas veces, degradante y quien vive una vida a ras del suelo difícilmente será capaz de una vida elevada. Por eso, la identificación de Dios con aquél que nació en un pesebre, no puede darse sin que quede cuestionada de raíz la concepción típicamente religiosa de la divinidad. Un Dios de pesebre no puede valer como divinidad al uso. Un dios no puede caer tan bajo. En un establo, hay demasiada boñiga como para que un dios se encuentre como en su casa. Al margen de su exactitud, el relato del portal ha de leerse, pues, como una especie de trailer: quien nace como maldito de Dios, acabará como tal. Y ello en nombre de Dios, esto es, en su lugar. De ahí que los antiguos no pudieran aceptar el kerygma cristiano con la facilidad con la que podemos hacerlo nosotros. Ellos, a diferencia de nosotros, sabían qué era un dios.