Kempis

diciembre 23, 2012 § Deja un comentario

Quien sabe leer percibe las elecciones que se encuentran por debajo de un gran texto. Por qué se emplean las palabras que se emplean y no aquéllas que podrían estar perfectamente en su lugar. Así, por ejemplo, quien, a la luz de los evangelios, entiende la vida cristiana como seguimiento, entiende que de lo que no se trata es de la imitación. Uno puede, sin duda, admirar una figura como la de Jesús de Nazareth. Pero no puede existir cristianamente, si lo único que le ocupa es ser como Jesús. Aquí aún hay demasiado yo como para que el evangelio pueda encarnarse en esa vida. Por eso, si se trata de existir como Jesús, uno no puede pretender ser santo como Jesús, sino ver las cosas cómo él o, mejor dicho, ir en la misma dirección. El tema no es Jesús, sino aquello a lo que apunta una vida como la de Jesús. Únicamente si el tema no es ser como Jesús, sino la misión de Jesús, uno podrá prolongar la vida de Jesús. A diferencia quizá de lo que pretenden otras religiones, la santidad no es el objetivo de una vida cristiana, sino, en cualquier caso, su efecto colateral.

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