retroceso

enero 20, 2013 § Deja un comentario

¿Qué supone ver las cosas que nos traemos entre manos, incluso aquellas fácilmente tipificadas de espirituales, desde la óptica de los tiempos de Dios? Pues verlas como muestras de nuestra vanidad. Nada de lo que nos importa, importa de veras. Y hace falta mucho valor o, si se prefiere, mucha humildad para admitirlo. De hecho, no acabamos de creérnoslo. Quizá deberíamos comenzar, si quisiéramos ser honestos con esto de Dios, que ninguno de los que formamos parte del mundo somos capaces de Dios. De hacerlo es muy posible que estuviéramos en esa situación en la que, cuanto menos, seríamos capaces de escuchar a quien tiene mucho que callar acerca de Dios. Y todo aún por hacer.

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