investigaciones lógicas (6)

enero 21, 2013 § Deja un comentario

No cree quien da por hecho que hay Dios como quien da por sentado que hay espíritus o demonios. Quien da por hecho que hay Dios no puede hacer otra cosa que tratar con Él como quien trata con fantasmas. Pero Dios en verdad es intratable. La diferencia entre la superstición y la creencia en un dios bonachón afecta simplemente al contenido: en ambos casos, se trata de entes espectrales. Quien cree en verdad —quien confía que al final veremos la gloria de Dios— no puede suponer nada de Dios. Ni siquiera que habita preocupadamente en su mundo. Pues Dios queda en el aire, nunca mejor dicho, para quien queda marcado por la realidad de Dios, la cual no se da según los modos de la presencia. En verdad, se da según los modos de la ausencia. Y es por eso mismo que el mundo queda por entero marcado por Dios. Como en aquella situación en la que de repente se hace el silencio. Algo tiene que ocurrir. Precisamente, aquello que se encuentra fuera de campo. Nuestra creencia en otro mundo —el mundo de los espíritus puros— es, en cualquier caso, una metáfora, un modo de entender, humanamente viciado, que no hay otra alteridad para Dios que la que de ese silencio que abraza la totalidad de cuanto existe, dioses incluidos. Dios es lo otro del mundo y no algo o alguien que existe en otra dimensión. De ahí que solo pueda encontrarse en manos de Dios aquel que experimenta la totalidad como insuficiente.

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