los tiempos

enero 21, 2013 § Deja un comentario

Una cosa son los tiempos de hombre y otra los tiempos de Dios. La diferencia entre ambos es abismal. En verdad, la relación del hombre con Dios no puede concebirse en términos espaciales, esto es, como si se tratase de la típica transacción religiosa entre nuestro mundo y el más allá o, siendo más sofisticados, entre lo manifiesto y lo oculto. Todo lo que podamos decir significativamente acerca de la relación entre Dios y el hombre debe comprenderse desde la distinción cualitativa entre los tiempos. Los tiempos de Dios son los tiempos de la revelación, aquellos en los que, contrariamente a lo que podríamos suponer, Dios no puede darse por descontado. Son los tiempos de Job, los tiempos del Crucificado. En los tiempos de Dios, la realidad de Dios se revela como aquella que se encuentra fuera de campo, más allá de la totalidad, en definitiva, como ese silencio que mantiene la Creación pendiente de un hilo y, por eso mismo, la voz del huérfano puede escucharse como la voz misma de Dios. En los tiempos de Dios, el mundo se revela como algo que, por sí mismo, carece de valor y el sujeto creyente como alguien que no pertenece al mundo, estrictamente, como aquél que no tiene derecho a la tierra. Por contra, los tiempos del hombre son los tiempos del arraigo, del presente y, por tanto, de las presencias, sean o no tachadas de divinas. Dios se halla aquí demasiado cerca como para provocar el definitivo temblor del hombre. Son los tiempos en donde todo silencio es provisional o táctico. Los tiempos del hombre son tiempos garantizados, sea por la técnica o por el dios de la creencia. Aquí el hombre puede confiar en su posibilidad. Y Dios es siempre supuesto donde el hombre puede aún confiar en su posibilidad. Ahora bien, por eso mismo, en los tiempos el hombre, nadie puede encontrarse en verdad sometido a la voluntad de Dios. En los tiempos del hombre, nadie puede reconocer a Dios como el Señor de la existencia, entre otras cosas, porque hay demasiado Dios por ahí. Pues solo quien no puede dar por hecho el amparo de Dios puede responder a la pregunta de Dios por el hermano. Solo él sabe que significa decir que Dios es, pongamos por caso, el que llama.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo los tiempos en la modificación.

Meta