la imposible teodicea (y 2)

enero 23, 2013 § Deja un comentario

Muchos suelen exculpar a Dios del Mal diciendo aquello de que Dios prefirió a un hombre libre, aunque el precio de esa libertad fuera la posibilidad del sufrimiento y la injusticia, a un autómata sin tacha. Un hombre que fuera incapaz para el mal también lo sería para el bien. Sin embargo, esta «solución» deja en el aire la gran cuestión acerca del papel de un Dios compasivo en este asunto, a saber, aquella que se pregunta por el porqué de su silencio. Un padre puede perfectamente aceptar, aunque no sin dolor, que un hijo, ya mayor de edad, se «equivoque» y vaya por el «mal camino». Pero no puede negarle un plato en casa. O mejor dicho, no puede dejar de ir en su busca una vez se entera de que anda deambulando por las esquinas de la ciudad. Cristianismo y teodicea son, pues, incompatibles, en tanto que el cuestionamiento de Dios —el por qué me has abandonado del Crucificado— pertenece, como ese cuestionamiento que el hombre no puede resolver de su lado, a la experiencia misma de Dios. De hecho esta incompatibilidad es la que obliga al cristianismo a repensar el lugar de Dios de modo que, para el creyente, no puede haber otro Dios que el que desciende en caída libre.

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