dalo por hecho
enero 28, 2013 § Deja un comentario
Donde damos por hecho la neutralidad moral de un cosmos, la carga de la prueba corre a cargo de quien defiende que hay Dios. ¿Sobre qué base cabe reconocer algo así como la presencia de un Dios que se halla por encima de su Creación? ¿Qué experiencia sostiene la convicción de que un universo, para el cual un millón de años es apenas un comienzo, el hombre es a imagen de Dios? ¿Qué puede existir más allá de la Totalidad? ¿Acaso el parloteo interminable sobre el sentido del mundo, no se revelará, a la luz de un cosmos infinito, como vanidad? Es obvio que quien se hace estas preguntas difícilmente podrá admitir a Dios como aquél que existe a la manera de un espectro. Sin embargo, a la vista de estas mismas cuestiones, lo que sí podemos afirmar es que la respuesta al nihilismo, a la constatación de que, sub specie aeternitatis, un genocidio es una anécdota, no puede darse en los términos de un saber acerca de Dios. O lo que viene a ser lo mismo, que el reconocimiento del valor solo puede tener lugar a lomos de la perplejidad de Job. Al fin y al cabo, el hombre no puede ir más allá de un encontrarse sometido al mandato (y, por tanto, a la promesa) que va con el hecho de que se le ha dado la vida sobre el horizonte mismo de la muerte. Vivirás, esto es, debes vivir por encima de la muerte. Como si el hombre, en el fondo, no fuera más que esa ciega confianza en la increíble promesa de Dios, en nombre de una vida que solo se le revela como de Dios sobre el trasfondo de un Dios que no da señales de vida.