salmo 110

febrero 5, 2013 § Deja un comentario

Una de las cosas que deberíamos tener en cuenta a la hora de pensar la fe bíblica es que no deja de ser una fe de aquellos que no pueden contar con Dios: los pobres, los desheredados, los dejados de la mano de Dios. Por eso, el judaísmo, ya de buen principio, admite la posibilidad del lugarteniente de Dios, esto es, la posibilidad de que un hombre, en el extrarradio de la Historia, pueda ocupar el lugar de Dios. El esquema no es, pues, el de la participación, sino el de la representación. La figura de Elías es un buen ejemplo de lo que decimos. Para el judío devoto es Elías el que vendrá para juzgarnos en nombre de Dios. Como si, en definitiva, no cupiera otra relación con Dios que la que podamos mantener con determinados hombres. Como si Dios solo pudiera hacerse presente en lo que hacen los hombres en nombre de Dios. De ahí que no entendamos de qué va el cristianismo, si consideramos la exaltación de Jesús de Nazareth como una apoteosis a la griega. La apoteosis da por hecho a Dios. O, mejor dicho, da por hecho su presente. En cambio, para el judaísmo, si hay hombres que pueden ocupar el lugar de Dios es porque Dios no tiene otro tiempo que el por-venir.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo salmo 110 en la modificación.

Meta