de otro mundo
febrero 18, 2013 § Deja un comentario
El Espíritu de Dios —la herencia de la Cruz— es, ciertamente, de otro mundo. Pero no porque ese Espíritu pertenezca a una dimensión desconocida, como si el otro mundo fuera simplemente una nueva América aún por descubrir, sino porque en un mundo donde la violencia y la muerte es la regla —donde la paz es simplemente un estado de excepción—, el Espíritu de Dios es, ciertamente, algo que el mundo como tal no puede encajar. De ahí, que el Espíritu de Dios se nos dé como la promesa o el por-venir mismo de Dios. O, por decirlo con otras palabras, si es que damos por bueno el compromiso de Dios con Noé, como la increíble posibilidad del mundo.