revelación sin salvación
febrero 19, 2013 § Deja un comentario
La tentación cristiana de quienes llevamos una vida más o menos satisfecha es la de quedarnos solo con la revelación. Esto es, de creer fácilmente que, a la hora de ganarnos el cielo, basta con caer en la cuenta de la verdad cristiana y, de paso, obrar en consecuencia. Sin embargo, un caer en la cuenta que no brote de la experiencia de la salvación —una revelación que no corresponda a un haber sido desatado de los árboles— no es fe, sino conocimiento. Y de ahí al gnosticismo hay, ciertamente, un paso. Nadie cae del caballo en el que está montado simplemente porque comprenda hasta el final de qué va este asunto del cristianismo. Pablo cayó porque antes fue perdonado por su víctima, Esteban. De ahí que solo los salvados pueden propiamente saber. De ahí que solo los salvados puedan obrar honestamente en consecuencia. El resto, si queremos preservar un mínimo de sinceridad, solo podemos hablar en su nombre. Pues sin ellos, todo cuanto podamos profesar, incluso la caridad que seamos capaces de ofrecer, tendrá que ver más con nuestra necesidad de justificación que con el acontecimiento que soporta la esperanza creyente. Y es que el profesar y el obrar cristianos son siempre una respuesta a la demanda de aquél con quien estamos en deuda.