los demonios

febrero 23, 2013 § Deja un comentario

No deja de llamar la atención que autores como Nietzsche o Dostoyevski entendieran, mejor que muchos teólogos, las últimas implicaciones del cristianismo. Así, por ejemplo, tenemos a los «demonios» del segundo, los cuales estaban convencidos de que, si Dios solo se revela en los tiempos finales, los tiempos en los que el mundo se ha cerrado definitivamente a la posibilidad de un progreso moral, entonces la tarea del creyente no puede ser otra que la de provocar ese final para, de este modo, obligar a Dios a intervenir. Los agentes del terror apocalíptico y no las madres catequistas, esas buenazas, serían, en consecuencia, los genuinos colaboradores de Dios. En este sentido, el diagnóstico de Nietzsche sería certero: el nihilismo no es más que el envés del cristianismo. Pues solo puede creer quien ha dejado de confiar en las posibilidades del mundo. Y de esperar impacientemente el final de los tiempos, en tanto que este solo depende de Dios, a participar activamente en este final, por aquello de a Dios rogando y con el mazo dando, hay un paso, el paso que da, precisamente, la Modernidad. La Modernidad, como hija bastarda del cristianismo, lleva la política de la tabula rasa en sus entrañas. Probablemente el revolucionario sea el producto más característico de la cultura cristiana, su marca de la casa. Y es que únicamente un hijo de cristianismo puede creer que Dios tan solo llegará a realizarse en el mundo donde el hombre ocupa el lugar de Dios. Ahora bien, quizá convenga añadir que aquí el revolucionario sería hijo de un cristianismo sin misterio, pues, aunque el final de los tiempos, los tiempos de la Cruz, acontecen siempre en nombre de Dios, lo cierto es que la confesión creyente defiende que es Dios mismo y no solo el hombre quien soporta el peso de la ira de Dios. No casualmente, un cristianismo que olvida el misterio —un cristianismo sin Trinidad— acaba cayendo en las manos del fundamentalismo, aunque sea bonachón. En cualquier caso, en las manos de quienes creen que el hombre puede justificarse ante Dios prescindiendo de Dios.

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