los dos ladrones

marzo 4, 2013 § Deja un comentario

Jesús, según cuentan, murió entre dos ladrones. Y algunos pueden aún preguntarse si esto fue, de hecho, así. Es posible que, de hecho, Jesús muriese solo. Ahora bien, la cuestión no es ésa, sino si Jesús murió en verdad solo, esto es, si la muerte de Jesús tiene que ver en realidad con nosotros o, por el contrario, solo afecta al hombre que fue Jesús de Nazareth. Como es sabido, la muerte en cruz, por degradante, estaba reservada a los esclavos y «rebeldes». Quienes morían en cruz morían como perros. Nada humano sobrevivía en los gólgotas del Imperio. Los crucificados morían como enajenados de Dios. Así, puede que Jesús muriese de hecho en la más completa soledad. Ahora bien, lo cierto es que, para el creyente, Jesús murió en verdad en el centro mismo de la vida de los hombres. Pues lo cierto es el Crucificado se revela como la Palabra que juzga a los hombres. Ante la Cruz se decide el sí o el no de la existencia de quienes vivimos de espaldas a Dios. De ahí que los dos ladrones representen las dos posibilidades del hombre. O bien el hombre acepta el perdón —y vive en consecuencia—, o bien remacha el clavo que le ata a la maldición. Otra cosa, sin embargo, es que podamos creer en ello. Pues nadie comprende nada de esto, si no está necesitado de salvación, si no se encuentra, precisamente, colgado del madero junto al Crucificado. Quienes aún confiamos en nuestra posibilidad fácilmente creemos que todo se nos da según la medida de nuestra preferencia o interés. Y de ahí no salimos.

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