el desafío de la Modernidad y la catequesis cristiana

marzo 13, 2013 § Deja un comentario

Es sabido que el desafío que la modernidad plantea a la religión consiste en la reducción subjetivista. Así, los israelitas del Sinaí no oyeron nada, sino simplemente creyeron que oían. Así, Tobías no vio a ningún ángel, sino que se imaginó que lo veía. Cualquier experiencia de la alteridad se comprende como una proyección de lo que se cuece por entero en el marco de la subjetividad. En este sentido, no habría nada otro en realidad, sino siempre una idea de lo otro, un efecto, en definitiva, de la actividad del yo. La fe en Dios no es más que un juego de la mente. Para el creyente de antes, lo inmediato era la presencia de Dios. Para el individuo de hoy en día, lo inmediato es el sentimiento de esa presencia, siendo la realidad de la presencia algo meramente supuesto para explicar dicho sentimiento. Para el individuo moderno Dios solo parece estar presente. Por eso, una catequesis que dé por hecho que la fe es puro sentimiento —una catequesis que confunda la experiencia de Dios con las cosquillas interiores— le hace un flaco favor a la causa de la fe. Pues, un Dios que se decida por entero en el territorio de la subjetividad, no puede valer como Señor. De ahí que el gran reto de la teología moderna sea cómo dar razón de la exterioridad de Dios, sin caer en el teísmo de antes, esto es, sin hacer de Dios un «espectro bueno». O, por decirlo de otro modo, sin comprender la realidad de Dios a la manera de un ente, ni siquiera sobrenatural. Y es que un «espectro», aunque exista, tampoco podría reconocerse como Dios para quienes han alcanzado la mayoría de edad.

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