alter ego
marzo 16, 2013 § Deja un comentario
Algunos dicen que de lo que se trata, cristianamente hablando, es de abrirse al otro, de contactar con él. Por eso, al escucharlos, no puedes evitar la sensación de que su lenguaje está muy próximo al de la psicoterapia, por no decir al de los manuales de la autoayuda. La trampa consiste en dar por hecho que la unión es posible, si uno hace lo que tiene que hacer. La trampa consiste en dar el gato del encuentro por la liebre de las cosquillas emocionales que se producen cuando caen las barreras. Pero lo cierto es que el otro como tal es inalcanzable. La alteridad del otro siempre permanece más allá y de ahí que el otro siempre se nos dé, como quien dice, en nombre de Dios. Uno, en todo caso, puede encontrarse con el otro, pero no unirse a él. Pues el encuentro, por definición, siempre mantiene las debidas distancias. De ahí que el lenguaje del encuentro tarde o temprano tenga que dar fe de nuestro estar en falso. De ahí que el otro solo pueda darse como demanda y como promesa. Y, así, porque el otro nos reclama infinitamente, permanecemos a la espera del acontecimiento. Con todo, es posible que, por eso mismo, el único acontecimiento del hombre sea el continuo diferir del acontecimiento de Dios.