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marzo 17, 2013 § Deja un comentario

Una manera habitual de entender esto de la Resurrección consiste en creer que se trata de un modo de supervivencia. Como si el Crucificado se hubiera transformado en otra cosa. Pero la insistencia de los primeros cristianos en proclamar que el Resucitado es el Crucificado, nos da a entender que no se trata propiamente de una transformación. El relato de la Resurrección no hace más (aunque tampoco menos) que obligarnos a reconocer al Crucificado como Señor, como el Hijo que, en nombre de Dios, pone a los hombres en el lugar que les corresponde ante Dios. El que ha sido elevado a la derecha del Padre sigue siendo el que permanece en la Cruz y ello solo es posible donde Dios desciende hasta la altura de esa misma Cruz. Por tanto, proclamar la Resurrección de Jesús de entre los muertos no supone tanto declarar algo acerca de Jesús como de Dios. Con otras palabras, la reconciliación que opera en la Cruz es poder de Resurrección en nombre de Dios.

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