la posición del espectador o cómo ir más allá de Descartes

marzo 23, 2013 § Deja un comentario

Quienes sostienen, desde las gradas del espectador, que las verdades que defienden quienes están en el escenario son relativas a su punto de vista, no tienen una mejor relación con la verdad que los protagonistas de la escena. De hecho, no tienen una relación con la verdad. Y es que no ven lo mismo unos que otros. Los protagonistas ven cosas, las cuales pueden estar más o menos cerca de lo real. Los espectadores tan solo pueden ver puntos de vista. Los protagonistas se encuentran en el mundo, aun cuando se trate de un mundo interpretado, y por eso mismo no pueden renunciar a la cuestión de la verdad, entendida como la cuestión de lo que en verdad tiene lugar. Los espectadores se hallan, en cierto sentido, fuera del mundo, y por eso mismo la cuestión de la verdad solo puede entenderse en los términos de una correspondencia entre sus ideas o representaciones del mundo y el mundo mismo. Como decíamos, un espectador no ve cosas, sino siempre opiniones sobre cosas. Ahora bien, puesto que el punto de partida es, en cualquier caso, un contenido mental, la correspondencia siempre se encontrará amenazada por la sospecha escéptica de que en realidad no haya nada ahí afuera, de que el mundo sea, en definitiva, un mundo virtual. Los protagonistas poseen una relación verdadera con la verdad, pues solo ellos pueden comprender que si ven cosas es porque en el fondo no hay nada que ver —que la realidad es siempre una pura exigencia de ser, en el fondo un mandato, una voluntad—, mientras que el espectador no puede ir más allá de sí mismo. Para el espectador no hay alteridad que valga, en tanto que la alteridad está hecha con los materiales de la nada.

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