Pascal

marzo 29, 2013 § Deja un comentario

Que no sintamos la angustia de Pascal —que demos por hecho que no seremos juzgados y que, por consiguiente, no habrá condenación— ya es de por sí un síntoma de lo lejos que estamos de creer. Difícilmente un cristiano de hoy en día puede respirar en el ambiente la posibilidad de la perdición. Pero sin esa posibilidad tampoco cabe ninguna redención. Del Dios de la medida de gracia hemos pasado al dios-gracioso, al fantasma simpático de nuestra irrelevancia.

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