alteridad
abril 8, 2013 § Deja un comentario
¿Qué hay en verdad otro en lo que vemos, palpamos, oímos? Donde lo otro es sencillamente nuestra idea de lo otro, no acaba de haber nada enteramente otro. Ninguna alteridad se hace presente donde damos por sentado que lo real es lo que podemos tener entre las manos. Pues lo real o es algo otro o no acaba de ser real, sino, en cualquier caso, virtual. Por eso mismo, quien entiende que significa la expresión «enteramente otro», entiende que lo enteramente otro es lo que necesariamente queda por ver en lo visto —lo que queda por escuchar en lo oído—. Nuestra existencia es inseparable del anhelo de realidad. En lo mas profundo aspiramos a que ocurra algo en verdad en nuestras vidas: que el amor que podamos darnos sea un amor verdadero; que la justicia que impartimos sea una justicia de verdad; que la bondad que observamos no sea simplemente una impostación… Pero lo cierto es que nada acaba de darse en realidad: el amor, la justicia, la bondad… siempre se dan según nuestra medida y, por eso mismo, solo desde cierto punto de vista o hasta cierto punto. De ahí que el amor, la justicia, la bondad… que podamos constatar siempre sean de hecho impugnables. Ahora bien, por eso mismo en el amor, la justicia, la bondad… que podamos constatar siempre haya algo de por-vernir —algo que aún debe ser realizado—. De hecho, es lo único que ocurre en verdad: lo que debe ser y aún no es. Así pues, algo es enteramente otro solo como mandato o ley. En este sentido, podemos decir que hay amor —o justicia o bondad— pero solo como exigencia que sostiene el amor —o la justicia o la bondad— que somos capaces de concretar. Probablemente, Platón la clavara cuando afirmaba que la realidad solo puede ser propiamente dicha como aquello que encontrándose en cierto sentido más allá de lo dado, lo gobierna. Parafraseando a Kafka, podríamos decir aquello de que efectivamente hay amor —o justicia o bondad—, pero no para nosotros.