una café más con Marina Frean
abril 27, 2013 § Deja un comentario
En los comedores de las hermanas de la caridad, los pobres se mofan de los rezos de aquéllas que los alimentan. Pero nadie dijo que los pobres fueran buena gente. Los pobres no son necesariamente unos pobrets. De hecho, por lo común, son unos hijos de puta. Si Dios se identifica con ellos —si no hay otra presencia de Dios que la de aquel cuya entera existencia clama a Dios— no es porque los pobres sean buenos, sino porque son tan hijos suyos como nosotros. Quien ve la preferencia de Dios por el pobre es porque ha sido marcado por la voz que le recuerda casi obsesivamente que todos sufrimos de una misma orfandad. No olvides quien es tu hermano. De hecho, una madre se entrega incondicionalmente a su hijos, aunque sean unos verdaderos cabrones. Otra cosa es que, por nuestras solas fuerzas, seamos capaces de esa entrega, que podamos ponernos en manos del pobre más allá de las emociones de una compasión reactiva. De ahí que solo ingenuamente podamos decir aquello del yes, we can.