los aparecidos
abril 30, 2013 § Deja un comentario
Por suerte, el cristianismo nunca dependió de una visión de Dios. En esto el cristianismo sigue siendo muy judío. Para el cristianismo Dios sigue revelándose como mandato, como la voz de una demanda infinita. Alguien podría replicar diciendo, por ejemplo, que el resucitado se aparece a los discípulos. Que la fe se sostiene, precisamente, sobre esa visión. Pero con ello demuestra sus dificultades para entender de qué va el asunto, pues en los relatos evangélicos, el aura de Dios siempre se muestra en aquél que, por definición, no puede poseerla: el abandonado, el maldito de Dios. En este sentido, no cabe reconocer a Dios en quien sufrió la maldición de Dios, según la manera del platonismo, pues es obvio que el maldito de Dios no ejemplifica una idea de Dios, sino que solo es posible dicho reconocimiento donde Dios deja de ser aquél que puede mostrarse —aparecer— como Dios. Y es que la confesión creyente puede que solo diga una sola cosa, a saber: que de Dios tan solo tenemos un Crucificado en nombre de Dios.