nuestro ángel de la guarda

mayo 3, 2013 § Deja un comentario

La manera en que muchos cristianos se dirigen a Dios no difiere de aquella en la que los niños se dirigen a su ángel de la guarda o los thailandeses al espíritu de sus muertos. En todos estos casos, se trata de lo mismo: de invocar espectros. La diferencia es material, no formal. Ahora bien, no es casual que el nombre de Dios sea, en la traición bíblica, impronunciable. Pues lo que esto significa, entre otras cosas, es que la invocación de Dios no puede comprenderse en los términos de la invocación pagana de la divinidad. En la Antigüedad era vital saber el nombre del dios al que invocabas, pues, de equivocarte, corrías el riesgo de que el dios en cuestión se hiciera el sordo o, lo que es peor, se ofendiera. Ahora bien, solo porque a YWHW no hay quien pueda invocarlo religiosamente, el clamor de quienes le invocan se vuelve ensordecedor. Y por eso mismo YWHW es antes que nada el que llama —aquel que responde invocando al hombre— por medio del clamor de quienes sufren la sordera de YWHW. Quien invoque al Dios verdadero no «sabrá», pues, a quien se dirige. El Dios verdadero no funciona como dios. De ahí no se sigue que la invocación no tenga sentido, sino que no tiene el sentido que el hombre quisiera que tuviese. Ante Dios, no somos más que invocación. Ahora bien, por eso mismo, podemos escuchar la voz de los sin Dios como la voz misma de Dios. Y quizá por ello, cristianamente, no quepa invocar a Dios, si no es sin Dios mediante, esto es, sin otra imagen de Dios que la de aquel que cuelga de una cruz en nombre de Dios.

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