el más allá judío

mayo 9, 2013 § Deja un comentario

Es significativo que los judíos no creyesen espontáneamente en el más allá. Para ellos —y debería ser igual para los cristianos— el más allá no es un dato, ni siquiera hipotético. Más allá de nuestro mundo no hay otro mundo, sino lo otro del mundo, a saber, Dios. Un Dios que habitara en otro mundo no podría valer como Dios, esto es, como Señor de nuestra entera existencia, sino a lo sumo como paradigma. En el AT no encontramos, pues, el anhelo de trascendencia que encontramos, por ejemplo, en Sócrates. No hay deseo religioso de abandonar la prisión del cuerpo para habitar un mundo de espectros buenos. El creyente no anhela la pureza de los ángeles, sino la justicia final de Dios. Su deseo más profundo es que se haga finalmente justicia: que los que naturalmente sobreviven a costa de los débiles no tengan la última palabra. Ahora bien, este final no parece que pueda tener lugar en la historia. Un creyente no es un crédulo. De hecho, la lucidez creyente es difícil de soportar. Así pues, el creyente, por el impulso mismo del clamor que nace de una vida experimentada como donación, se ve obligado a esperar un más allá, estrictamente, un final de los tiempos. El más allá judío, por consiguiente, no obedece a la necesidad del hombre de superar la muerte, sino a una demanda innegociable de justicia. En nombre de esa misma vida que Dios nos ha dado, debe haber una última palabra. Ahora bien, el creyente sigue sin tener ni idea de cómo acontecerá dicho final. No hay imágenes que puedan suplantar la esperanza de quien se pone por entero en manos de Dios.

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